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lunes, 12 de diciembre de 2011

JUDAS ISCARIOTE, Y SAN MATÍAS APÓSTOL


JUDAS ISCARIOTE Y MATÍAS

                                    
                                     El beso de Judas                                                               Matías el Apóstol

JUDAS ISCARIOTE
...El significado del apelativo << Iscariote>> es controvertido: la explicación más admitida lo entiende como "hombre de Qeriyyot", en referencia a su pueblo de origen, situado cerca de Hebrón y mencionado dos veces en la Sagrada Escritura. Otros lo interpretan como una variante del término "sicario", en referencia al guerrillero armado de puñal, llamado en latín sica. Por último, hay quien ve en su apodo la simple transcripción de una raíz hebreo-aramea que significa: "aquel que iba a entregarle". Esta mención se encuentra dos veces en el cuarto Evangelio, después de la confesión de fe de Pedro y, más adelante, durante la unción de Betania. Otros pasajes muestran que la traición estaba en curso, con las palabras: <<el que le entregaba>>, como durante la Última Cena, tras el anuncio de la traición y, luego, durante la detención de Jesús.

Sin embargo, las listas de los Doce recuerdan el hecho de la traición como ya realizado: << Judas Iscariote, el que le entregó>>, así dice Marcos; Mateo y Lucas usan fórmulas equivalentes. La traición como tal sucedió en dos momentos: primero en su fase de concepción, cuando Judas se pone de acuerdo con los enemigos de Jesús por treinta monedas de plata, y después, en su ejecución, con el beso que le dio al Maestro en Getsemaní. En cualquier caso, los evangelistas insisten en su cualidad de apóstol, que a Judas le correspondía a todos los efectos: es denominado una y otra vez como <<uno de los Doce>>. Es más, por dos veces Jesús, al dirigirse a los apóstoles y referirse a él, le señala como <<uno de vosotros>>. Y Pedro dirá de Judas que <<se contaba entre nosotros y le tocó su parte de este ministerio>>

Se trata, por tanto, de una figura perteneciente al grupo de aquellos a los que Jesús había elegido como compañeros y colaboradores cercanos. 

Esto suscita dos preguntas para intentar dar una explicación a los hechos acontecidos. La primera consiste en preguntarnos cómo es posible que Jesús eligiera a este hombre y confiara en él. De hecho, aunque Judas es el tesorero del grupo, en realidad también es calificado como <<ladrón>>. El misterio de la elección es todavía mayor, pues Jesús pronuncia un juicio severo sobre él: <<¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!. El misterio se engrandece más aún si se piensa en su suerte eterna, al saber que Judas <<arrepentido, devolvió a los sumos sacerdotes y ancianos las treinta monedas de plata diciendo: "Pequé el entregar sangre inocente". Aunque luego se alejara para ir a colgarse, no nos corresponde a nosotros medir su gesto, pues nos pondríamos en el lugar de Dios, infinitamente misericordioso y justo.

Una segunda pregunta afecta al motivo del comportamiento de Judas: ¿por qué traicionó a Jesús? La cuestión es objeto de varias hipótesis. Algunos aluden al factor de su avidez de dinero; otros sostienen una explicación de orden mesiánico: Judas se habría sentido desilusionado al ver que Jesús no incluía en su programa la liberación político-militar de su propio país. En realidad, los textos evangélicos insisten en otro aspecto: Juan dice expresamente que <<el diablo había metido en el corazón a Judas, de Simón Iscariote, la idea de entregarlo>>; de forma análoga escribe Lucas: << Pero Satanás entró en Judas (llamado Iscariote), que era del número de los Doce>>. De este modo, se superan las motivaciones históricas y se explica los sucedido poniéndole en relación con la responsabilidad personal de Judas, quien cedió de forma mezquina a una tentación del Maligno. La traición de Judas sigue siendo, en cualquier caso, un misterio.

Jesús le consideró como un amigo pero, en sus invitaciones a seguirle por el camino de las bienaventuranzas, no forzaba su voluntad ni la protegía de las tentaciones de Satanás, respetando la libertad humana.

En efecto, las posibilidades de perversión del corazón humano son realmente muchas. El único modo de sortearlas consiste en no cultivar una visión de las cosas solo individualista, autónoma, sino en ponerse siempre del lado de Jesús, asumiendo su punto de vista. Tenemos que intentar, día a día, tener plena comunión con Él. Recordemos que también Pedro quería oponerse a Él y a lo que le esperaba en Jerusalén, y recibió por ello un reproche muy fuerte:,,¡Detrás de mi, Satanás! Porque no tienes en cuenta las cosas de Dios, sino las de los hombres>>. Pedro, después de su caída, se arrepintió y encontró perdón y gracia. También Judas se arrepintió, pero su arrepentimiento degeneró en desesperación y se transformó así en autodestrucción. Para nosotros es una invitación a tener siempre presente cuanto dice san Benito al final del fundamental capítulo V de su Regla:<< No desesperar nunca de la misericordia divina>>. En realidad, Dios, <<es más grande que nuestro corazón>>. Tengamos, por tanto, presentes dos cosas. La primera: Jesús respeta nuestra libertad. La segunda: Jesús espera nuestra disposición al arrepentimiento y a la conversión; es rico en misericordia y perdón. 

MATÍAS EL APÓSTOL
Para concluir, queremos recordar a quien después de la Pascua fue elegido en el puesto del traidor. En la Iglesia de Jerusalén fueron propuestos dos a la comunidad y luego fueron elegidos por sorteo: << José (llamado Barsabás), que tenía por sobrenombre el Justo y Matías>>. Este último fue el elegido, de modo que << fue añadido al grupo de los once apóstoles>>. No sabemos nada de él, excepto que fue testigo de toda la vida terrena de Jesús, permaneciendo fiel a Él hasta el final. A la grandeza de esa fidelidad suya se suma luego la llamada divina para tomar el puesto de Judas.

 (Audiencia general, 18 de octubre de 2006, plaza de San Pedro)

JUDAS TADEO EL APÓSTOL


SIMON EL CANANEO Y JUDAS TADEO

Simón el Cananeo                                                                                            Judas Tadeo
      Icono                                                                                          Pintura de Anthonis  Van Dyck



JUDAS TADEO
En cuanto a Judas Tadeo, también es denominado por la tradición con dos nombres diferentes: mientras en Mateo y Marcos le llaman simplemente <<Tadeo>>, Lucas le llama <<Judas de Santiago>>.

El sobrenombre de Tadeo es de procedencia incierta y se explica tanto como procedente del arameo Taddà, que quiere decir "pecho" y significaría "magnánimo", o como abreviación de un nombre griego como <<Teodoro>>, <<Teodoto>>.

De él nos han llegado pocas noticias. Juan es el único que señala una petición suya hecha a Jesús durante la Última Cena. Tadeo le dice al Señor: <<Señor, ¿y qué ha sucedido, que vas a manifestarte a nosotros, y no al mundo?>>.

Es una pregunta de gran actualidad, que también nosotros le hacemos al Señor: ¿Por qué el Resucitado no se manifestó en toda su gloria a sus adversarios para demostrar que el vencedor es Dios?  ¿ Por qué solo se manifestó a sus discípulos? 

La respuesta de Jesús es misteriosa y profunda. El Señor dice: << Si alguno me ama, guardará mi doctrina, y mi Padre lo amará, e iremos a él y habitaremos en él>>.

Esto quiere decir que el Resucitado debe ser visto, percibido también en el corazón, de manera que Dios pueda habitar en nosotros. El Señor no se muestra como una cosa. Él quiere entrar en nuestra vida y por eso su manifestación es una manifestación que implica y presupone un corazón abierto. Solo así vemos al Resucitado.

A Judas Tadeo se le ha atribuido la paternidad de una de las cartas del Nuevo Testamento denominadas <<católicas>> porque no están dirigidas a una determinada Iglesia Local, sino a un círculo muy amplio de destinatarios. Está dirigida <<a los que han sido llamados, amados por Dios Padre, y guardados para Jesucristo>> 

La preocupación central de este escrito es poner en guardia a los cristianos ante todos aquellos que pretextan la gracia de Dios para excusar su propia vida disoluta y para descarriar a sus hermanos con enseñanzas inaceptables, introduciendo divisiones dentro de la Iglesia. <<Estos visionarios>>, así los define Judas, y llega incluso a parangonarlos con los ángeles caídos, y con términos duros dice que <<han seguido el camino de Caín>>. Además los cataloga sin empacho como <<nubes sin agua llevadas por los vientos; árboles de fin de otoño, sin frutos, muertos dos veces, arrancados de raíz; olas bravías del mar, arrojando la espuma de sus propias torpezas; estrellas fugaces, para las cuales la lóbrega oscuridad está reservada para siempre>>

Hoy día quizá ya no estamos acostumbrados a usar un lenguaje tan crítico, aunque esto nos comunique algo importante. En medio de todas las tentaciones que existen, con todas las corrientes de la vida moderna, debemos conservar la identidad de nuestra fe.

.... Por otra parte, es necesario tener muy presente que esta identidad nuestra requiere fuerza, claridad y valentía ante las contradicciones del mundo en el que vivimos.

Por eso el texto epistolar continúa así: << Pero vosotros, queridos hermanos, edificándoos sobre vuestra fe santísima, rezando movidos por el Espíritu Santo, conservaos en la caridad de Dios mientras aguardáis la misericordia de Nuestro Señor  Jesucristo para la vida eterna. Compadeceos de los que titubean...>>

La carta concluye con estas preciosas palabras:<< Al que pueda guardaros sin pecado y presentaros inmaculados, jubilosos, ante su esplendor, al único Dios nuestro Salvador, por medio de Nuestro Señor Jesucristo, gloria, majestad, poder y autoridad antes de todos los siglos, ahora, y por todos los siglos. Amén.

Es evidente que el autor de estas líneas vive plenamente su fe, en la que residen grandes realidades como la integridad moral y la alegría, la confianza y la alabanza, y todo ello es motivado por la bondad de nuestro único Dios y por la misericordia de nuestro Señor Jesucristo. Por eso Tanto Simón el cananeo como Judas Tadeo nos ayudan a redescubrir una y otra vea y a vivir incansablemente la belleza de la fe cristiana, porque saben dar un testimonio de ella fuerte y a la vez sereno.

(Audiencia general, 11 de octubre de 2006, plaza de San Pedro)



SIMÓN EL CANANEO, APÓSTOL


SIMON EL CANANEO Y JUDAS TADEO

Simón el Cananeo                                                                                            Judas Tadeo
      Icono                                                                                          Pintura de Anthonis  Van Dyck

SIMON EL CANANEO
"Simón recibe el epíteto que varía en las cuatro listas: mientras Mateo y Marcos lo califican de <<cananeo>>, Lucas le define como <<zelota>>. En realidad, los dos calificativos son equivalentes, ya que significan lo mismo: en lengua hebrea, el verbo ganà  significa "ser celoso, apasionado"y puede referirse bien a Dios, en cuanto que es celoso del pueblo elegido por Él, o bien a los hombres que arden de celo al servir al Dios único con plena dedicación.

...Es bastante probable, por tanto, que este Simón, si no pertenece específicamente al movimiento nacionalista de los zelotas, se caracterizara al menos por un ardiente celo por la identidad judía, es decir, por Dios, por su pueblo y por la Ley divina. Si esto es así, Simón se coloca en las antípodas de Mateo, que, en calidad de publicano, procedía de una actividad considerada completamente impura.

Señal evidente de que Jesús llama a sus discípulos y colaboradores de estratos sociales y religiosos de los más variados, sin exclusión alguna. ¡A Él le interesan las personas, no las categorías sociales o las etiquetas! Y lo bonito es que en el grupo de sus seguidores todos, aunque diferentes, convivían juntos, superando las imaginables dificultades: el propio Jesús era el motivo de cohesión, en el cual todos se encontraban unidos. Esto constituye una lección para nosotros, pues a menudo tendemos a subrayar las diferencias y hasta las oposiciones, olvidándonos de que en Jesucristo nos es dada la fuerza para superar nuestros conflictos. Tampoco olvidemos que el grupo de los Doce Constituye una prefiguración de la Iglesia, en la cual han de tener espacio todos los carismas, pueblos, razas, todas las cualidades humanas que encuentran su composición y su unidad en la comunión con Jesús.


 Por eso Tanto Simón el cananeo como Judas Tadeo nos ayudan a redescubrir una y otra vea y a vivir incansablemente la belleza de la fe cristiana, porque saben dar un testimonio de ella fuerte y a la vez sereno.

(Audiencia general, 11 de octubre de 2006, plaza de San Pedro)

SAN BARTOLOMÉ APÓSTOL , NATANAEL APÓSTOL


SAN BARTOLOMÉ

San Bartolome
Pintura de Michelangelo Buonarroti

Dice Benedicto XVI sobre este apóstol:  ..." Su nombre es claramente un patronímico, porque hace referencia explícita al nombre de su padre. De hecho, se trata de un nombre probable huella aramea, bar Talmay, que significa: "hijo de Talmay"

No tenemos noticias relevantes (continúa diciendo Benedicto XVI) de Bartolomé.

....Tradicionalmente, sin embargo, es identificado con Natanael: un nombre que significa: "Dios ha dado". Este  Natanael provenía de Caná  y, por tanto, es probable que hubiera sido testigo de la gran <<señal>> realizada por Jesús en ese lugar.

La identificación de los dos personajes se debe probablemente al hecho de que este Natanael, en la escena de la vocación narrada por el Evangelio de Juan, aparece colocado al lado de Felipe, es decir, en el puesto que tiene Bartolomé en las listas de los apóstoles transmitidas por los demás Evangelios.

A este Natanael fue a quien Felipe le comunicó que había encontrado <<a aquel del que escribió Moisés en la ley, y los profetas: Jesús, hijo de José, el de Nazaret>>.  Como sabemos, Natanael le contestó con un prejuicio bastante duro: <<¿De Nazaret puede haber algo bueno?>>. Esta contestación es importante para nosotros. Y es que nos hace ver que, según las expectativas judías, el Mesías no podía proceder de un pueblo tan oscuro como Nazaret. Al mismo tiempo, sin embargo, pone en evidencia la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas apareciendo precisamente donde no lo esperábamos. Por otra parte, sabemos que Jesús en realidad no era solo << de Nazaret>>, sino que había nacido en Belén y que en última instancia procedía del cielo, del Padre que está en los cielos.

El caso de Natanael nos sugiere otra reflexión: en nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos solo con las palabras. Felipe, en su contestación, le hace a Natanael una significativa invitación: <<ver a ver>.. Nuestro conocimiento de Jesús sobre todo necesita de la experiencia viva: el testimonio de los demás es sin duda importante, ya que normalmente toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que llega a nosotros por obra de uno o varios testigos. Pero luego debemos ser nosotros mismos quienes nos impliquemos personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús; de manera semejante, los samaritanos, después de haber oído el testimonio de la conciudadana con la que Jesús se había encontrado junto al pozo de Jacob, quisieron hablar directamente con Él y, tras esta conversación, le dijeron a la mujer:<< Ya no creemos porque lo decías tú, pues nosotros mismos hemos oído, y sabemos que Él es verdaderamente el  Salvador del mundo>>.

Volviendo a la escena e la vocación, el Evangelista nos dice, que cuando Jesús vio a Natanael acercarse, exclamó: <<Mira, un israelita verdaderamente sin dolo>>,....pero que despierta la curiosidad de Natanael, quien replica con estupor:<<¿De dónde me conoces?>>. La respuesta de Jesús no se comprende de forma inmediata. Dice: <<Antes que Felipe te llamara, te vi cuando estabas bajo la higuera>>. No sabemos que había sucedido bajo esta higuera. Es evidente que se trata de un momento decisivo en la vida de Natanael. Él se siente tocado en su corazón por estas palabras de Jesús, se siente comprendido y entiende: este hombre sabe todo de mí, Él sabe y conoce el camino de la vida, puedo realmente confiarme a este hombre. Y así responde con una confesión de fe limpia y bella, diciendo: << Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel>>. 

En ella hay un primer e importante paso en el camino de adhesión a Jesús. Las palabras de Natanael ponen en evidencia un doble y complementario aspecto de la identidad de Jesús: Él es reconocido no solo en su relación especial con Dios Padre, de quien es Hijo Unigénito, sino también en su relación con el pueblo de Israel, del que es declarado rey, calificativo propio del esperado Mesías.

Nunca debemos perder de vista ninguno de estos dos componentes, ya que si proclamamos solo la dimensión celestial de Jesús, corremos el riesgo de hacer de él un ser etéreo y evanescente, y si, por el contrario, reconocemos solo su lugar concreto en la historia, dejamos de lado la dimensión divina que propiamente le define.

Sobre la posterior actividad apostólica de Bartolomé-Natanael no tenemos noticias concretas. Según una información referida por el historiador Eusebio del siglo IV, cierto Panteno encontró señales de la presencia de Bartolomé ni más ni menos que en la India. En la tradición posterior, a partir de la Edad Media, se impuso el relato de su muerte por despellejamiento, que luego se hizo popular. Piénsese en la conocidísima escena del Juicio Universal de la Capilla Sixtina, en la que Miguel Ángel pintó a san Bartolomé sujetando con la mano izquierda su propia piel, sobre la cual el artista dejó su autorretrato.

Sus reliquias son veneradas en Roma, en la Iglesia dedicada a él en la Isla Tiberina, donde habrían sido traídas por el emperador alemán Otón II en el año 983. 

Para concluir, podemos decir que la figura de san Bartolomé, a pesar de la escasez de información relativas a él, nos dice que la adhesión a Jesús puede ser vivida y testimoniada incluso sin llevar a cabo obras fundamentales. Extraordinario es y sigue siendo Jesús, a quien cada uno de nosotros estamos llamados a consagrar nuestra vida y nuestra muerte.

(Audiencia general, 4 de octubre de 2006, plaza de San Pedro)

TOMÁS EL APÓSTOL, SANTO TOMÁS


TOMÁS el APÓSTOL


Santo Tomás, Pintura de EL GRECO

Continuamos.....hoy dedicamos nuestra atención a Tomás. Siempre presente en las cuatro listas del Nuevo Testamento, en los primeros tres Evangelios aparece colocado junto a Mateo, mientras que en los Hechos se encuentra al lado de Felipe. 

Su nombre deriva de una raíz hebrea, ta'am, que significa "emparejado, gemelo". En efecto, el Evangelio de Juan le llama varias veces con el sobrenombre de <<Didímo>, que en griego quiere decir "gemelo". No está clara la razón de este apelativo.

Es el cuarto Evangelio el que nos ofrece más noticias que permiten apuntar algunas líneas significativas de su personalidad. 

La primera tiene que ver con la exhortación que hizo a los demás apóstoles, cuando Jesús, en un momento crítico de su vida, decidió ira Betania para resucitar a Lázaro y se acercó peligrosamente a Jerusalén. En aquella ocasión Tomás les dijo a sus condiscípulos:<< ¡Vamos también nosotros a morir con Él!>>. Esta determinación suya de seguir al Maestro es verdaderamente ejemplar y nos brinda una preciosa enseñanza: revela la total disponibilidad para adherirse a Jesús, hasta identificar su propia suerte con la de Él y querer compartir con Él la prueba suprema de la muerte. En efecto, lo más importante es no separarse nunca de Jesús.

Además, cuando los Evangelios usan el verbo <<seguir>> es para significar que donde Él se dirige, allí debe ir también su discípulo. De este modo, la vida cristiana se define como una vida con Jesucristo, una vida que ha de transcurrir junto a Él. 

... En la Última Cena tiene lugar una segunda intervención de Tomás. En esta ocasión Jesús, prediciendo su inminente partida, anuncia que se va para preparar un lugar a sus discípulos y para que estén también donde él se encuentra; y les precisa: ,,Y adonde yo voy, sabéis el camino>>. Y entonces Tomás interviene diciendo: <<Señor,no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?>>.

En realidad con esta respuesta él se está colocando en un nivel de entendimiento bastante limitado, pero estas palabras suyas le ofrecen a Jesús la ocasión de pronunciar la célebre definición: << Yo soy el camino, y la verdad, y la vida>>.

Por tanto, Tomás es el primero al que le hace esta revelación, aunque es válida para todos nosotros y para todos los tiempos. Cada vez que oímos o leemos esas palabras, podemos ponernos en la mente de Tomás e imaginar que el Señor habla también con nosotros como habló con él. Al mismo tiempo, su pregunta nos da derecho, por así decirlo, de pedir explicaciones a Jesús.

A menudo no le comprendemos. Tenemos el valor de decir: no te comprendo, Señor, escúchame, ayúdame a entender.

De este modo, con esta franqueza, que es la verdadera forma de rezar, de hablar con Jesús, expresamos la pobreza de nuestra capacidad de entendimiento, y al mismo tiempo nos mostramos confiados como quien espera luz y fuerza de parte de quien está capacitado para dársela.

Conocidísima y hasta proverbial es la escena de Tomás incrédulo, acaecida ocho días después de la Pascua. En un primer momento, no creyó que Jesús hubiera aparecido en su ausencia y dijo:<< Si no veo en sus manos la marca de los clavos, y no pongo mi dedo en la marca de los clavos, y no pongo mi mano en su costado, no creeré>>. En el fondo de estas palabras emerge la convicción de que Jesús es reconocible no tanto por su rostro cuanto por sus heridas. Tomás considera que las señales significativas de la identidad de Jesús ahora son, ante todo, sus heridas, en las cuales se revela hasta qué punto Él nos ha amado.

En esto el apóstol no se equivoca. Como sabemos, ocho días después Jesús vuelve a aparecer entre sus discípulos, y esta vez Tomás está presente. Y Jesús le interpela: <<Trae acá tu dedo y mira mis manos; y trae tu mano y ponla en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente>>.

Tomás reacciona  con la profesión de fe más maravillosa de todo el Nuevo Testamento: <<¡Señor mío y Dios  mío!>>.  San Agustín comenta a propósito de esto: Tomás <<veía y tocaba al hombre, pero confesaba su fe en Dios, que no veía ni tocaba. Pero cuanto veía y tocaba le inducía a creer en aquello de cuanto hasta el momento dudaba>> (In Iohann. 121,5).

El Evangelista continúa con una última palabra de Jesús a Tomás:<< ¿Porque me has visto has creído? ¡Felices los que no ven, y creen!>>. Esta frase también se puede trasladar al presente. Aquí Jesús enuncia un principio fundamental para los cristianos que vendrán después de Tomás, es decir, para todos nosotros.

...El caso de Tomás es importante para nosotros por al menos tres motivos: primero, porque nos consuela de nuestras inseguridades; segundo, porque nos demuestra que toda duda puede desembocar en una salida luminosa libre de cualquier incertidumbre; y , por último, porque las palabras que le dirige Jesús nos recuerdan el verdadero sentido de la fe madura y nos anima a continuar, a pesar de las dificultades, en nuestro camino de adhesión a Él.

Hay un último apunto sobre Tomás en el cuarto Evangelio que lo presenta como testigo del Resucitado en el momento siguiente a la pesca milagrosa en el lago Tiberíades. En aquella ocasión él es mencionado precisamente justo después de Simón Pedro: señal evidente de la notable importancia de la que gozaba en el ámbito de las primeras comunidades cristianas.

En efecto, bajo su nombre luego fueron escritos los Hechos y el Evangelio de Tomás, ambos apócrifos pero importantes para el estudio de los orígenes del cristianismo. Por último, recordemos que, según una antigua tradición, Tomás evangelizó primero Siria y Persia (así lo refiere ya Orígenes, partiendo de Eusebio de Cesarea, y más tarde alcanzó la India occidental, desde donde también llegó a la India meridional.

Con esta perspectiva misionera terminamos nuestra reflexión, expresando el deseo de que el ejemplo de Tomás confirme cada día más nuestra fe en Jesucristo, nuestro Señor y nuestro Dios.

(Audiencia general, 27 de septiembre de 2006, Plaza de San Pedro)

SAN FELIPE APÓSTOL


SAN FELIPE
SAN FELIPE
Dice Benedicto XVI: "En las listas de los Doce siempre aparece colocado en quinto lugar, y por tanto, prácticamente entre los primeros. Aunque Felipe fuera de origen hebreo, su nombre es griego, como el de Andrés, y esta es una pequeña señal de apertura cultural que no debemos subestimar. Las noticias que tenemos acerca de él nos las proporciona el Evangelio de Juan.

Era originario del mismo lugar que Pedro y Andrés, es decir, de Betsaida, una pequeña ciudad que pertenecía a la tetrarquía de uno de los hijos de Herodes el Grande, también llamado Felipe.

El cuarto Evangelio cuenta que, después de ser llamado por Jesús, Felipe se encuentra con Natanael y le dice: << Hemos encontrado a aquel del que escribió Moisés en la ley, y los profetas: Jesús, Hijo de José, el de Nazaret>>. Ante la respuesta más bien escéptica de Natanael (<< ¿De Nazaret puede haber algo bueno?>>), Felipe no se rinde y contraataca con decisión: << Ven a ver>>. En esta respuesta, concisa pero clara, Felipe pone de manifiesto las características principales del verdadero testigo: no se contenta con proponer el anuncio, como si fuera una teoría, sino que interpela directamente a su interlocutor invitándole a que tenga una experiencia personal de lo que le ha anunciado.

Estos mismos verbos son los que emplea el propio Jesús cuando dos discípulos de Juan Bautista se le acercan para preguntarle dónde vive. Jesús respondió: <<Venid a ver>>.

Podemos pensar que Felipe también se dirige a nosotros al pronunciar estos dos verbos que suponen un compromiso personal. También a nosotros nos dice lo que le dice a Natanael: <<Ven a ver>>.

El apóstol nos empuja a conocer a Jesús de cerca.

En efecto, la amistad, el conocimiento verdadero del otro, necesita de la cercanía, es más, en parte vive gracias a ella. Además, no hay que olvidar que, según lo que escribe Marcos, Jesús eligió a los Doce con el objetivo inicial de que <<estuvieran con él>>, es decir, que compartieran su vida y aprendieran directamente de él no solo el estilo de su comportamiento, sino sobre todo quién era Él de verdad. Solo así, participando de su vida, podían conocerlo y luego anunciarlo.

Más tarde, en la Carta de Pablo a los Efesios, leeremos que lo importante es <<aprender a Cristo>>, es decir, no solo y no tanto escuchar sus enseñanzas, sus palabras, sino conocerle la Él en persona, es decir, su humanidad y divinidad, su misterio, su belleza. Y es que no solo es un Maestro, sino un Amigo, o mejor, un Hermano.

¿Cómo podríamos conocerle a fondo sí permanecemos lejos de él? La intimidad, la familiaridad, la costumbre nos hacen descubrir la verdadera identidad de Jesucristo. Lo mismo que nos enseña el apóstol Felipe. Y por eso nos invita a <<ir>>, a <<ver>>, es decir, a entrar en contacto de escucha, de respuesta y de comunión de vida con Jesús día a día.

...."En otro momento, muy importante para la historia futura, antes de la Pasión, algunos griegos que se encontraban en Jerusalén para la Pascua, <<se acercaron a Felipe...y le rogaron: "Señor, queremos ver a Jesús". Felipe va y se lo dice a Andrés; Andrés y Felipe van y se lo dicen a Jesús>>.

..." Es este caso hace de intermediario entre la petición de algunos griegos.... y Jesús. Esto nos enseña a estar también nosotros siempre dispuestos tanto a recibir preguntas e invocaciones de donde vengan como a dirigirlas al Señor, el único que puede satisfacerlas completamente. Es importante, de hecho, saber que no somos nosotros los destinatarios últimos de las oraciones de quienes se nos acercan, sino que es el Señor: a él le debemos dirigir a todo aquel que se encuentra en necesidad. Es decir, ¡cada uno de nosotros debe ser un camino abierto hacia él!

Hay otra ocasión destacada en la cual también entra en escena Felipe. Durante la Última Cena, habiendo Jesús afirmado que conocerle a Él significaba también conocer al Padre, Felipe le preguntó con cierta ingenuidad: <<Señor, muéstranos al Padre y nos basta>>. Jesús le contestó con un tono de benévolo reproche: << Llevo tanto tiempo con vosotros, ¿y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿ Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"¿ No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre está en mi?... Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas>>. Estas palabras se cuentan entre las más inspiradas del Evangelio de Juan. Contienen una revelación pura y verdadera. Al final del prólogo de su Evangelio, Juan afirma: << A Dios nadie lo ha visto nunca; el Dios Hijo Unigénito, el que está en el regazo del Padre, ese lo reveló>>. Esta declaración, que es del Evangelista, es retomada y confirmada por el propio Jesús. Pero con un nuevo matiz. 

En efecto, mientras el Prólogo de Juan habla de una intervención explicativa de Jesús a través de las palabras de su enseñanza, en la respuesta a Felipe, Jesús hace referencia a su propia persona como tal, dando a entender que es posible comprenderlo no solo a través de lo que dice, sino más aún, a través de lo que sencillamente es. Utilizando la paradoja de la Encarnación, podemos afirmar que Dios se concedió un rostro humano, el de Jesús, y en consecuencia, a partir de entonces, si de verdad queremos conocer el rostro de Dios, solo tenemos que contemplar el rostro de Jesús. ¡En su rostro vemos realmente quién es Dios y cómo es Dios!.

El Evangelista no nos dice si Felipe entendió plenamente la frase de Jesús. Lo cierto es que le dedicó por entero su propia vida. Según algunos relatos posteriores (Hechos de Felipe y otros), nuestro apóstol evangelizó primero Grecia y luego Frigia, y allí murió, en Hierápolis, con un suplicio que ha sido descrito como crucifixión o lapidación.

Queremos cerrar nuestra reflexión incídiendo en el objetivo al que debe tender nuestra vida: encontrar a Jesús como lo encontró Felipe, intentando ver en él al propio Dios, el Padre Celestial. ¡Si no hacemos este esfuerzo, solo veremos proyectada nuestra imagen como en un espejo, y cada vez estaremos más solos! En cambio, Felipe nos enseña a dejarnos conquistar por Jesús, a estar con él, y a invitar también a otros a compartir esta indispensable compañía. Y viendo y compartiendo a Dios, encontraremos la verdadera vida.

(Audiencia General, 6 de septiembre de 2006, plaza de San Pedro)

SANTIAGO EL MENOR, APÓSTOL



SANTIAGO EL MENOR
Santiago el menor
Pinrtura de EL GRECO

También el forma parte de la lista de los doce apóstoles elegidos personalmente por Jesús, y siempre se especifica que es <<hijo de Alfeo>. Se le ha identificado a menudo con otro Santiago, llamado << el Pequeño>>, hijo de una tal María que podría ser la ,<< María de Cleofás>>, presente, según el cuarto Evangelio, a los pies de la cruz junto con la madre de Jesús. Él también era originario de Nazaret y probablemente pariente de Jesús, de quien es llamado << hermano>>, conforme al uso semítico.

El libro de los Hechos subraya el importante papel que este último Santiago llevó a cabo en la Iglesia de Jerusalén. En el concilio apostólico allí celebrado después de la muerte de Santiago el mayor, afirmó, junto con los demás, que los paganos podían ser recibidos en la Iglesia sin tener que someterse a la circuncisión. San Pablo, que le atribuye una aparición del Resucitado, con ocasión de su viaje a Jerusalén le llega a llamar incluso antes que a Cefas-Pedro, calificándole de <<columna>> de esa Iglesia, a semejanza de él.

Tras esto, los judeocristianos le consideran su principal punto de referencia. A él también se le atribuye la carta que lleva el nombre de Santiago y que está incluida en el canon neotestamentario. No se presenta en ella como <<hermano del Señor>>, sino como <<siervo de Dios y del Señor Jesucristo)>>.

Entre los especialistas se debate la cuestión de la identificación de estos dos personajes del mismo nombre: Santiago, hijo de Alfeo, y Santiago, <<hermano del Señor>>. Las tradiciones evangélicas no nos han transmitido ningún relato de ninguno de los dos que haga referencia al período de la vida terrena de Jesús.

Los Hechos de los apóstoles, en cambio, nos informan de que un << Santiago>> desarrolló un papel muy importante, como ya hemos apuntado, tras la resurrección de Jesús, dentro de la Iglesia primitiva. 

La acción más relevante que llevó a cabo fue la intervención en la cuestión de la difícil relación entre los cristianos de origen hebreo y los de origen pagano: contribuyó, junto con Pedro, a superar, o mejor dicho, a integrar la primitiva dimensión judía del cristianismo a la exigencia de no imponer a los paganos convertidos la obligación de someterse a todas las normas de la Ley de Moisés.

El libro de los Hechos nos ha transmitido la solución de compromiso, propuesta por el propio Santiago y aceptada por todos los apóstoles presentes, en virtud de la cual a los paganos que hubieran creído en Jesucristo solo se les debía pedir que se abstuvieran de la costumbre idolátrica de comer la carne de los animales ofrecidos en sacrificio a los dioses, y de la << impudicia>>, término que probablemente aludía a las uniones matrimoniales no consentidas. En la práctica, se trataba de observar solo unas pocas prohibiciones, consideradas bastante importantes, de la legislación de Moisés.

De esta forma se lograron dos resultados significativos y complementarios, que todavía están vigentes: por una parte, se reconoció la relación indisoluble que une el cristianismo con la religión judía como su matriz perennemente viva y válida; por otra, se permitió a los cristianos de origen pagano conservar su propia identidad sociológica, que habrían perdido si hubieran sido forzados a observar los <<preceptos ceremoniales>> judíos: estos ya no se consideraban obligatorios para los paganos convertidos.

En resumen, se daba comienzo a una práctica de estima y respeto recíprocos que, a pesar de las lamentables incomprensiones posteriores, por su naturaleza pretendía salvaguardar cuanto era característico de las dos partes.

La información más antigua sobre la muerte de este Santiago nos la ofrece el historiador judío Flavio Josefo. En sus Antigüedades Judías, redactadas en Roma en la última etapa del siglo I, nos cuenta que el final de Santiago fue decidido de forma ilegítima por el sumo sacerdote Anano,hijo del Anás, citado en los Evangelios. Este aprovechó el intervalo entre la destitución de un procurador romano (Festo) y la llegada de su sucesor (Albino) para decretar su lapidación en el año 62.

Al nombre de Santiago, además del apócrifo Protoevangelio de Santiago, que exalta la santidad y la virginidad de María, madre de Jesús, está particularmente vinculada la carta que lleva su nombre. En el canon del Nuevo Testamento ocupa el primer lugar entre las denominadas << cartas católicas>>, es decir, destinadas no solo a una única Iglesia en particular -como Roma, Éfeso, etc.-, sino a varias. Se trata de un escrito bastante importante, que insiste mucho en la necesidad de no reducir la fe a una mera declaración verbal o abstracta, sino de expresarla concretamente en obras de bien. Además, nos invita a ser constantes en las pruebas que aceptamos con alegría y en la oración confiada, para obtener de Dios el don de la sabiduría, gracias a la cual llegamos a comprender que los verdaderos valores de la vida no están en las riquezas transitorias, sino en saber compartir los propios bienes con los pobres y necesitados.

Así pues, la carta de Santiago nos ensena un cristianismo muy concreto y práctico. La fe debe realizarse en la vida, sobre todo en el amor del prójimo y en particular en la dedicación a los pobres.

Con este trasfondo también debe ser leída la famosa frase: << Pues como el cuerpo, independientemente del espíritu, está muerto, así también la fe, independientemente de las obras, está muerta>>.

En ocasiones, esta declaración de Santiago ha sido comparada con la afirmación de Pablo de que Dios nos hace justos no en virtud de nuestras obras, sino gracias a nuestra fe. Ahora bien, las dos frases, en apariencia contradictorias por sus diferentes perspectivas, en realidad, sí se interpretan bien, se complementan. San Pablo desaprueba el orgullo del hombre que piensa que no tiene necesidad del amor de Dios, que nos protege, desaprueba el orgullo de la autojustificación sin la gracia regalada y no merecida. 

Santiago habla, en cambio, de las obras como fruto normal de la fe: <<Todo árbol bueno produce frutos buenos>>, dice el Señor. Y Santiago lo repite y nos lo dice a nosotros.

Por último, la carta de Santiago nos invita a abandonarnos a las manos de Dios en todo lo que hacemos, pronuciando siempre las palabras: <<Si el Señor quiere>>. Él nos enseña a no presumir de organizar nuestra vida de forma autónoma e interesada, sino a dejar un espacio a la impenetrable voluntad de Dios, que conoce lo que de verdad nos conviene. De este modo Santiago se convierte en un maestro de vida siempre vivo para cada uno de nosotros.

(Extraído de la Audiencia general del 28 de junio de 2006, plaza de San Pedro. Recogida por Benedicto XVI en su libro antes mencionado sobre los apóstoles,)

SANTIAGO EL MAYOR, APÓSTOL


SANTIAGO EL MAYOR
Pintura de EL GRECO - 1610

Las listas bíblicas de los Doce mencionan a dos personas con este nombre: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Santiago, hijo de Alfeo, que tradicionalmente se diferencian con los apelativos de Santiago el mayor y Santiago el menor. Estas designaciones no pretenden, por supuesto, medir su santidad, sino testimoniar la diferente relevancia que reciben en los escritos del Nuevo Testamento y, en particular, en el marco de la vida terrena de Jesús. Hoy dedicamos nuestra atención al primero de estos personajes homónimos.

El nombre de Santiago es la traducción de Iákobos, forma helenizada del nombre del célebre patriarca Jacob.

El apóstol así llamado es hermano de Juan, y en las listas citadas ocupa el segundo lugar justo después de Pedro, como en Marcos, o el tercer lugar después de Pedro y Andrés, en el Evangelio de Mateo y en el de Lucas, mientras que en los Hechos aparece después de Pedro y Juan .

Este Santiago pertenece, junto con Pedro y Juan, al grupo de los tres discípulos privilegiados que fueron reconocidos por Jesús en momentos importantes de su vida.

Él tuvo la ocasión de asistir, junto con Pedro y Juan, a la agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní y al suceso de la transfiguración de Jesús. Se trata de dos situaciones muy diferentes: en un caso, Santiago con los otros dos apóstoles experimentan la gloria del Señor, lo ve conversando con Moisés y Elías, ve transpirar el esplendor divino en Jesús; en el otro se encuentra ante el sufrimiento y la humillación, contempla con sus propios ojos cómo el Hijo de Dios se humilla y es obediente hasta la muerte.

Ciertamente, la segunda experiencia constituyó para él una ocasión para madurar su fe, para corregir la interpretación unilateral, triunfalista, de la primera: él tuvo que entender que el Mesías, esperado por el pueblo judío como un triunfador, en realidad no estaba solo rodeado de honor y gloria, sino también de tormentos y de debilidades. La gloria de Cristo se materializa precisamente en la cruz, con su participación en nuestros sufrimientos.

Esta maduración de su fe produjo por medio del Espíritu Santo en Pentecostés, de tal manera que Santiago, cuando llegó el momento del testimonio supremo, no se echó para atrás.

A comienzos de los años cuarenta del siglo I, el rey Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande, como cuenta Lucas, <<se propuso maltratar a algunos de los que pertenecían a la Iglesia. Mató a espada a Santiago, el hermano de Juan>>. La concisión de la noticia, desprovista de cualquier detalle narrativo, revela, por una parte, cuan normal era para los cristianos testimoniar al Señor con su propia vida y, por otra, cuan preeminente era la posición de Santiago en la Iglesia de Jerusalén, también a causa del papel que desarrolló durante la existencia terrena de Jesús.

Una tradición posterior, que al menos remonta a Isidoro de Sevilla, cuenta su estancia en España para evangelizar a esa importante región del Imperio romano. Según otra tradición, habría sido su cuerpo el que fue transportado a España, a la ciudad de Santiago de Compostela. Como todos sabemos, ese lugar se convirtió en objeto de gran veneración y todavía es meta de numerosas peregrinaciones, no solo desde Europa, sino desde el mundo entero.

De ahí la representación iconográfica de Santiago con un bastón de peregrino y el rollo del Evangelio en la mano, atributos del apóstol itinerante y entregado al anuncio de la <<buena noticia>>, características también del peregrinaje de la vida cristiana.

De Santiago, por tanto, podemos aprender muchas cosas: su prontitud al recibir la llamada del Señor incluso cuando nos pide que abandonemos la <<barca>> de nuestras inseguridades humanas; el entusiasmo al seguirle por los caminos que Él nos indica más allá de nuestra ilusoria presunción; la disponibilidad para ser su testigo con valentía, si es necesario hasta el sacrificio supremo de la vida.

Así, Santiago el mayor constituye para nosotros un ejemplo elocuente de generosa adhesión a Cristo. Él, que al principio había pedido, a través de su madre, sentarse con su hermano junto al Maestro en su reino, fue el primero que bebió el cáliz de la pasión, que compartió con los apóstoles el martirio.

Y por último, podemos concluir que el camino, no solo exterior, sino ante todo interior, desde el monte de la transfiguración hasta el monte de la agonía, simboliza todo el peregrinaje de la vida cristiana, entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios.

(Texto extraído de la Audiencia general del 21 de junio 2006, plaza de San Pedro, recogido en el libro de Benedicto XVI antes mencionado).

SAN ANDRÉS APÓSTOL


SAN ANDRÉS
San Andrés Apóstol
Pintura de José de Ribera
Con autorización del Autor Erzalibillas para 
reproducir la imagen de la pintura, no teniendo
nada que ver con la publicación del contenido
de la vida de los Santos

La primera característica que llama la atención en Andrés es su nombre: no es hebreo, como se esperaría, sino griego, señal significativa de que su familia tenía cierta apertura cultural. Nos encontramos en Galilea, donde la lengua y la cultura griegas están bastante presentes En el elenco de los Doce, Andrés ocupa el segundo puesto, como en Mateo  y en Lucas, o bien el cuarto puesto, como en Marcos y en los Hechos. Sea como fuere, sin duda gozaba de cierto prestigio dentro de las primeras comunidades cristianas.

El lazo de sangre entre Pedro y Andrés, al igual que la común llamada que les hace Jesús, se señalan explícitamente en los Evangelios. Leemos: <<Venid detrás de mí, y os haré pescadores de hombres>>. En el cuarto Evangelio se recoge otro detalle importante: en un primer momento, Andrés era discípulo de Juan Bautista; esto nos muestra que era un hombre que buscaba, que compartía la esperanza de Israel, que quería conocer más de cerca la palabra del Señor, la realidad del Señor presente. Era un hombre de fe y de esperanza; y un día oyó a Juan Bautista proclamar a Jesús como el << cordero de Dios>>; entonces se movilizó y, junto al mencionado discípulo, siguió a Jesús, a Aquel que era llamado por Juan <<Cordero de Dios>>. El evangelista menciona: ellos <<fueron a ver dónde vivía, y aquel día se quedaron con él>>. Andrés, entonces, gozó de preciosos momentos de intimidad con Jesús. El relato prosigue con una significativa mención: << Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús; encontró primero a su hermano Simón y le dijo: " Hemos encontrado al Mesías (que, traducido significa "Cristo")". Y lo llevó a Jesús >>, demostrando un espíritu apostólico fuera de lo común. Andrés, por tanto, fue el primero de los apóstoles llamado a seguir a Jesús. Precisamente por esta razón la liturgia de la Iglesia bizantina le honra con el apelativo de Protóklitos,  que significa precisamente "el primer llamado". Y, a causa de la relación fraterna entre Pedro y Andrés, la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla se sienten hermanadas de forma especial. Para estrechar esta relación, mi predecesor, el papa Pablo VI, devolvió en 1964 la insigne reliquia de San Andrés, hasta entonces custodiada en la basílica vaticana, al obispo metropolitano ortodoxo de la ciudad de Patras, en Grecia, donde según la tradición el apóstol fue crucificado.

Las tradiciones evangélicas mencionan el nombre de Andrés en otras tres ocasiones, que nos permiten conocer un poco mejor a este hombre. La primera es la de la multiplicación de los panes en Galilea. En esa situación fue Andrés quien señaló a Jesús la presencia de un chico que tenía cinco panes de cebada y dos peces: muy poca cosa - observó él- para toda la gente concentrada en ese lugar. Merece ser destacado, en este caso, el realismo de Andrés: él advirtió al chico -por tanto, ya había formulado la pregunta: <<¿qué es para tantos?>>- y se dio cuenta de la insuficiencia de sus pocos recursos. Sin embargo, Jesús supo hacer que fueran suficientes para la multitud de personas que había acudido a escucharle. La segunda ocasión fue en Jerusalén. Al salir de la ciudad, un discípulo le mostró a Jesús el espectáculo de los poderosos muros que sostenían el Templo. La respuesta del Maestro fue sorprendente: dijo que de esos muros no quedaría ni una piedra. Entonces Andrés, junto con Pedro, Santiago y Juan, le preguntó: << Dinos cuándo será eso y cuál será la señal cuando todo eso vaya a acabarse>>. Para contestar a esta pregunta Jesús pronunció un importante discurso sobre la destrucción de Jerusalén y sobre el fin del mundo, invitando a sus discípulos a leer con precaución las señales del tiempo y a permanecer siempre vigilantes. De este suceso aprendemos que no debemos tener miedo a hacerle preguntas a Jesús, pero al mismo tiempo hemos de estar preparados para recibir las enseñanzas, aunque sorprendentes y difíciles, que Él nos ofrece.

En los Evangelios, por último, está testimoniada una tercera iniciativa de Andrés. El escenario también es Jerusalén, poco antes de la Pasión. para la fiesta de Pascua -cuenta Juan- llegaron a la ciudad santa algunos griegos, probablemente adeptos o temerosos de Dios, venidos para adorar al Dios de Israel. Andrés y Felipe, los dos apóstoles con nombres griegos, hacen de intérpretes y mediadores de este pequeño grupo de griegos ante Jesús. La respuesta del Señor a su pregunta parece -como sucede a menudo en el Evangelio de Juan- enigmática, pero precisamente por eso es rica en significado. Jesús les dice a los dos discípulos y, por medio de ellos, al mundo griego: << Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. De verdad os aseguro: si el grano de trigo al caer en tierra no muere, queda solo;  pero si muere, da mucho fruto>>. ¿ Qué significan estas palabras en este contexto? Jesús quiere decir: sí, el encuentro con los griegos tendrá lugar, pero no como una puntual y breve conversación con algunas personas, movidas principalmente por la curiosidad. Con mi muerte, comparable con la caída en el suelo de un grano de trigo, llegará la hora de mi glorificación. De mi muerte en la cruz vendrá la gran fecundidad: el <<grano de trigo muerto>> - símbolo de mí crucificado- se convertirá con la resurrección en pan de vida para el mundo, será luz para los pueblos y las culturas. Sí, el encuentro con el alma griega, con el mundo griego, se realizará con la misma profundidad del grano de trigo que atrae para sí las fuerzas de la tierra y del cielo y se convierte en pan. En otras palabras, Jesús profetiza la Iglesia de los griegos, la Iglesia de los paganos, la Iglesia del mundo como fruto de su Pascua.

Algunas tradiciones muy antiguas ven a Andrés, que transmitió a los griegos estas palabras, no solo como intérprete de unos cuantos griegos que se encontraron con Jesús, tal como acabamos de recordar, sino que lo consideran el apóstol de los griegos en los años posteriores a Pentecostés; estas tradiciones cuentan que a partir de entonces fue el anunciador e intérprete de Jesús para el mundo griego. Pedro, su hermano, llegó a Roma desde Jerusalén y a través de Antioquía para ejercer allí su misión universal; Andrés, por su parte, fue el apóstol del mundo griego: ellos, tanto en su vida como en su muerte, se compartan como verdaderos hermanos - una fraternidad que se expresa simbólicamente en la especial relación de las sedes de Roma y de Constantinopla, Iglesias verdaderamente hermanas.

Una tradición posterior, como se ha apuntado, relata la muerte de Andrés en Patras, donde también sufrió el suplicio de la crucifixión. En ese momento supremo, de forma análoga a como hiciera su hermano Pedro, pidió que le pusieran en una cruz distinta a la de Jesús. En su caso se trató de una Cruz aspada, es decir, con un cruce transversal inclinado, que por eso es llamada "cruz de San Andrés". Esto es lo que el apóstol dijo en aquella ocasión, según un antiguo relato (comienzos del siglo Vi) titulado Pasión de Andrés: << Hola, oh Cruz, inaugurada por medio del cuerpo de Cristo y convertida en adorno de sus miembros, como si fueran piedras preciosas. Antes de que el Señor subiese a ti, tú provocabas un  temor terrenal. Ahora , en cambio, dotada de un amor celestial, eres recibida como un don. Los creyentes saben, al mirarte, cuánta alegría posees, cuántos regalos tienes preparados. Así que seguro y lleno de alegría yo vengo a ti, para que tú también me recibas exultante como discípulos de quien estuvo colgado de ti...¡Oh, bienaventurada Cruz, que recibiste la majestad y la belleza de los miembros del Señor! Tómame y llévame lejos de los hombres y devuélveme con mi Maestro, para que a través de ti me reciba quien por ti me ha liberado. Hola, oh Cruz; si, ¡hola de verdad!>>.

Como e puede comprobar, en estas palabras hay una profundísima espiritualidad cristiana, que ve en la cruz no tanto un instrumento de tortura, sino más bien el medio incomparable de la plena asimilación al Redentor, al grano de trigo caído al suelo.

Y esto nosotros tenemos que aprender una lección muy importante: nuestras cruces adquieren valor si son consideradas y recibidas como parte de la cruz de Cristo, si nos unimos a ella a través del resplandor de su luz. Solo por esa cruz también nuestros sufrimientos son ennoblecidos y cobran verdadero sentido.

El Apóstol Andrés, por tanto, nos enseña a seguir a Jesús con prontitud, a hablar con entusiasmo de Él a cuantos encontramos, y, sobre todo, a cultivar con Él una relación de verdadera familiaridad, sabedores de que solo en Él podemos encontrar el sentido último de nuestra vida y de nuestra muerte.

(Audiencia general, 17 de junio de 2006, plaza de San Pedro)
Extraída del Libro publicado por Benedicto XVI "LOS APÓSTOLES y los primeros discípulos de Cristo"

SAN PEDRO APÓSTOL



SAN PEDRO APÓSTOL          y                           SAN ANDRÉS APÓSTOL



" Bordeando el mar de Galilea vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: "Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres. Al instante, dejando las redes, le siguieron."

Para hablar de ellos hay que poder escoger de algún lugar. Acerca del Santoral Cristiano, hay muchos autores que han escrito sobre Pedro y Andrés. Aparecerán en mi página la posibilidad de acceder a todo ese conocimiento que sumará al que yo quiero poder compartir con todos los que accedan a esta página.

Así que como en otros casos y dado que yo no soy una estudiosa Teológica, voy a dar paso a quién desde mi sentir puede ayudarnos a ver a estos dos discípulos de Cristo desde un lugar diferente.


SAN PEDRO APÓSTOL


La crucifixión de Pedro
Pintura de Caravaggio

Retomando entonces a Benedicto XVI, dice así: " .... El evangelista Juan, al relatar el primer encuentro de Jesús con Simón, hermano de Andrés, señala un hecho singular: Jesús, <<mirándolo, dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas ( que se traduce "Pedro")">>. Jesús no acostumbraba a cambiar el nombre a sus discípulos. Si exceptuamos el apelativo de <<hijos del trueno>> que dirige en un caso concreto a los hijos de Zebedeo y que no vuelve a usar, Él no atribuyó nunca otro nombre a ninguno de sus discípulos. En cambio, lo hizo con Simón, llamándole Cefas, nombre luego traducido en griego por Petros, y en latín por Petrus. Y fue traducido precisamente porque no era solo un nombre; era una <<orden>> que Petrus recibía del Señor. El nuevo nombre de Petrus aparecerá varias veces en los Evangelios y acabará sustituyendo al nombre originario de Simón.

El dato cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que, en el Antiguo Testamento, el cambio de nombre por lo general anunciaba el encargo de una misión. De hecho, la voluntad de Cristo de atribuir a Pedro un papel especial dentro del Colegio apostólico queda demostrada en numerosas pruebas: en Cafarnaúm, el Maestro va a alojarse a casa de Pedro; cuando la multitud se arremolina en torno a él a orillas del lago de Genesaret, entre las dos barcas ahí atracadas, Jesús elige la de Simón; cuando en determinadas circunstancias Jesús se hace acompañar solo de tres discípulos, Pedro siempre es mencionado como el primero del grupo; así sucedió en la resurrección de la hija de Jairo, en la Transfiguración y, por último, durante la agonía del Huerto de Getsemaní. Y aún hay más: cuando se dirigen a Pedro los cobradores del impuesto del Templo, el Maestro solo paga por sí mismo y por él; Pedro es el primero al que lava los pies en la Última Cena, y reza solo por él para que no pierda la fe y pueda probar en ella a los demás discípulos.

Además, el propio Pedro es consciente de su particular posición: a menudo, en nombre de los demás, interviene pidiendo una explicación de una parábola difícil, o el sentido concreto de un precepto, o la promesa formal de una recompensa.  Él es quien resuelve ciertas situaciones al intervenir en nombre de todos. Así, cuando Jesús, dolido por la incomprensión de la multitud después del discurso sobre el <<pan de vida>>, pregunta: <<¿También vosotros queréis marcharos?>>, la respuesta de Pedro es perentoria: <<Señor, ¿a quién vamos a ir? Tienes palabras de vida eterna>>. Igualmente decidida es la profesión de fe que, también en nombre de los Doce, hace en Cesarea de Filipo. Cuando Jesús pregunta: <<Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?>>, Pedro responde: << Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios Vivo>>. En respuesta, Jesús pronuncia entonces la declaración solemne que define, de manera definitiva, el papel de Pedro en la Iglesia: << Y yo por mi parte te digo: y sobre esta peña edificaré mi Iglesia, y las puertas del averno no podrán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que ates en la tierra, quedará desatado en los cielos>>. Las tres metáforas a las que ´Jesús recurre son en sí mismas muy claras: Pedro será los cimientos de piedra sobre los que se apoyará el edificio de la Iglesia; él tendrá las llaves del reino de los cielos para abrirlo o cerrarlo a quien le parezca apropiado; por último, él podrá atar y desatar, es decir, podrá establecer o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y sigue siendo de Cristo. Siempre será la Iglesia de Cristo, y no de Pedro. Esto que está descrito con imágenes tan plásticas ilustra lo que la reflexión posterior ha calificado con el término de  <<primado de jurisdicción>>.

Esta posición preeminente que Jesús quiso conferirle a Pedro se verifica también después de la resurrección: Jesús les encarga a las mujeres que lleven el anuncio a Pedro, al margen de los demás apóstoles; hacia él y hacia Juan corre la Magdalena para informar de la piedra movida en la entrada del sepulcro, y Juan le cederá el paso cuando los dos lleguen ante la tumba vacía; luego será Pedro, entre todos los discípulos, el primer testigo de una aparición del Resucitado. Este papel, subrayado con decisión,  marca la continuidad entre su preeminencia en el  grupo apostólico y la preeminencia que seguirá teniendo en la comunidad nacida con los sucesos pascuales, como testimonia el libro de los Hecho. Su comportamiento se considera tan decisivo como para ser el centro de las miradas y también de las críticas. En el conocido Concilio de Jerusalén, Pedro desempeña una función directiva y, precisamente por ser testigo de la fe auténtica, el propio Pablo le reconocerá cierta cualidad de <<primero>>. Además, el hecho de que varios textos claves referidos a Pedro puedan ser interpretados en el contexto de la Última Cena, en la que Cristo le confiere a Pedro el ministerio de confirmar a los hermanos, muestra cómo la Iglesia que nace del memorial pascual celebrado en la Eucaristía tiene en el ministerio confiado a Pedro uno de sus elementos constitutivos.

Esta contextualización del Primado de Pedro en la Última Cena, en el momento constituyente de la Eucaristía, Pascua del Señor, indica también el sentido último de su Primado: Pedro, por todos los tiempos, debe ser el custodio de la comunión con Cristo; debe guiar en la comunión con Cristo; debe preocuparse de que la red no se rompa y pueda perdurar la comunión universal. Solo juntos podemos estar con Cristo, que es el Señor de todos. La responsabilidad de Pedro es garantizar la comunión con Cristo, con la caridad de Cristo, guiarnos en la realización de esta caridad en la vida de cada día.

Y como oración futura podemos decir junto a Benedicto XVI, el texto con el cuál concluye esta Audiencia general del 7 de junio de 2006 en la Plaza de San Pedro, que dice así:  " recemos para que el Primado de Pedro, confiado a pobres seres humanos, pueda ejercerse siempre con este sentido originario deseado por el Señor y pueda ser siempre reconocido en su verdadero significado por hermanos que todavía no están en plena comunión con nosotros.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

SOLICITUD DE ORACIONES A MADRE NUESTRA VIRGEN MARÍA


Madre Nuestra  Virgen María
Madre Nuestra
Madre Nuestra
Que siguiendo tu ejemplo
Pueda decir: Sí.

Cómo tú
Sea yo también "esclava de mi Señor y mi Dios".

Madre Nuestra,
Que todos los que aquí escriban pidiendo oración por sus necesidades o las de alguien, persona o criatura animal, lleguen por tu intercesión a los brazos abiertos de Jesucristo,
y que a cada uno los bendiga con su Espíritu.

A ti, lector de esta página si deseas que oremos por tus necesidades, deja en comentarios en la Sección Páginas "SOLICITUD DE ORACIONES A LA VIRGEN MARÍA MADRE NUESTRA", ya sea anónimo o no, tu pedido de oración y nos uniremos a ella. 

Recuerda, cuando dos o más estén reunidos en su Nombre,
Él Nuestro Señor Jesucristo
estará en medio nuestro.

Si prefieres hacerlo de forma anónima puedes dejarme tu pedido a través de mi email.
Pero seguramente, si es visto por muchos, muchos seremos los que oraremos por ti.

Madre Nuestra Virgen María
Reina de los Apóstoles
ruega por nosotros
a Jesucristo
Amén

sábado, 29 de octubre de 2011


MADRE NUESTRA

VIRGEN MARÍA EN LA ANUNCIACIÓN

Video con Cuadros de la Edad Media y del Renacimiento de los grandes pintores sobre la Virgen María y la Vida de Cristo y música de Alfonso X O Sabió (Cantiga 322 A Virgen,que de Deus Madre, con Esther Lamandier como solista). Agradecimientos a: Imágenes de Wikipedia.org,,marianistas.org y a Taringamp3.com por la música de Alfonso X,O Sabió. Las palabras que aparecen en el video son de Bettina Galo y no son la traducción de la Cantiga. A Alfonso X O Sabió tuve la gracia de Dios de escucharlos en vivo en la fiesta de la primavera en la Chacra Santa Catalina en Montevideo-Uruguay como invitados especiales de mi hermana. Este Video es en honor a la Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra, que con su vida nos enseña cómo debemos seguir a Cristo. Creación del Video para mis páginas: www.bettinagalo.com y http://madrenuestranuestra.blogspot.com. Es una creación exclusiva de Bettina Galo el 28 de octubre de 2011 día de Santos Simón y Judas.

Si quieren seguir todos los videos sobre la Vida de María, Myriam, Madre Nuestra, los encontraran en la sección Páginas de este blogg.

Este blogg es una unidad con Los brazos abiertos del Padre que se encuentra en: www.bettinagalo.com

Puedes enviarme material si deseas que el mismo sea alojado en la página, así como comentarios a lo publicado.

El material debes hacerlo llegar a través de mi email a fin de ser analizado.

Desde ya que Dios los Bendiga abundantemente a través de la Santísima Virgen María.

Bettina Galo
Administradora

jueves, 27 de octubre de 2011

ADVOCACIONES DE LA VIRGEN

ADVOCACIONES

Encontrarán en la sección páginas y en la de Entradas, la historia de cada advocación que me sea posible rastrear y dar a conocer en detalle sobre las apariciones de la Santísima Virgen María.
Muchas son sólo para un determinado lugar, en cambio otras lo son para un país, un continente, para una iglesia o congregación determinada.

Lo importante desde mi visión, es poder separar la advocación misma y su mensaje de toda la leyenda popular y muchas veces influenciada por la necesidad del lugar, persona, o situación en que se da esa aparición de la Virgen María.

Por eso he elegido esta imagen, es en blanco y negro, quiere significar que más allá de cualquiera sea la advocación a que nos acerquemos, las advocaciones si así se las puede llamar de algún modo, y que en realidad sería dar el verdadero sentido a una experiencia vital en el proceso vivido por María, en relación a la encarnación de Dios Verbo en la tierra hasta su clímax en la Cruz, elevándose a su dignidad divina como Cristo son: La Anunciación (que da paso a la encarnación de Dios en la tierra) y María Reina de los Apóstoles (dónde se muestra todo el sentido y significado de las enseñanzas de Jesús en su caminar por la tierra y la promesa cumplida hecha por él del envío del Espíritu Santo, el que será capaz de hacer posible todo entendimiento, generar vida, renovarlo todo y hacerlo nuevo).

Por cierto no reniego y amo a muchas de las advocaciones (apariciones) de la Virgen.

Por mi transitar en el camino de la fe, he descubierto que la fe y la Virgen son CRISTOCÉNTRICAS. 

No hay separación del Hijo. No hay camino que Ella no señale que no sea a CRISTO. Ya no sólo a Jesús, sino también al Cristo. A ambos. A quién en la tierra siendo hombre pleno, era también pleno Dios y por eso no sólo su hijo, sino sobre todo su SEÑOR Y SU DIOS.

Hoy en este mundo del relativismo, en la vida cristiana transitamos por el camino de la piedad, y no  tanto de la fe. Por eso también en muchos sentidos cuando nos acercamos a una determinada advocación de la Virgen María, tendríamos que tomar en cuenta cuan Cristocéntrico es su mensaje. Y así podemos distinguir lo verdadero de lo falso.

Si seguimos la vida que narra el Evangelio, cualquiera de ellos, acerca de la vida de la Virgen María, vemos que siempre estuvo en relación a la Vida y Caminar de Jesús. Y esto nos enseña que el sentido de la Virgen, más allá del propio sentido, es el Hijo.

El sentido de la Virgen es el Hijo. Su Señor y su Dios. Poner de manifiesto la encarnación del Verbo en la tierra y guiarnos hacia el camino que nos lleva a creer en él, en Jesús, y en el verdadero sentido del Amor.

Sé que para muchos estas palabras pueden parecer controversiales, en realidad si nos detenemos a leer con cuidado, no lo son. No niega la creencia en las distintas advocaciones, sino, que intentan ponerlas en su verdadera perspectiva. Hoy más que nunca necesitamos aprender a madurar nuestra fe viéndola actuar a Ella.

Y Ella nos guiará a una vida dónde Cristo sea nuestro verdadero "centro".

                                                Reflexiones en voz alta: Bettina Galo
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