lunes, 12 de diciembre de 2011

SANTIAGO EL MAYOR, APÓSTOL


SANTIAGO EL MAYOR
Pintura de EL GRECO - 1610

Las listas bíblicas de los Doce mencionan a dos personas con este nombre: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Santiago, hijo de Alfeo, que tradicionalmente se diferencian con los apelativos de Santiago el mayor y Santiago el menor. Estas designaciones no pretenden, por supuesto, medir su santidad, sino testimoniar la diferente relevancia que reciben en los escritos del Nuevo Testamento y, en particular, en el marco de la vida terrena de Jesús. Hoy dedicamos nuestra atención al primero de estos personajes homónimos.

El nombre de Santiago es la traducción de Iákobos, forma helenizada del nombre del célebre patriarca Jacob.

El apóstol así llamado es hermano de Juan, y en las listas citadas ocupa el segundo lugar justo después de Pedro, como en Marcos, o el tercer lugar después de Pedro y Andrés, en el Evangelio de Mateo y en el de Lucas, mientras que en los Hechos aparece después de Pedro y Juan .

Este Santiago pertenece, junto con Pedro y Juan, al grupo de los tres discípulos privilegiados que fueron reconocidos por Jesús en momentos importantes de su vida.

Él tuvo la ocasión de asistir, junto con Pedro y Juan, a la agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní y al suceso de la transfiguración de Jesús. Se trata de dos situaciones muy diferentes: en un caso, Santiago con los otros dos apóstoles experimentan la gloria del Señor, lo ve conversando con Moisés y Elías, ve transpirar el esplendor divino en Jesús; en el otro se encuentra ante el sufrimiento y la humillación, contempla con sus propios ojos cómo el Hijo de Dios se humilla y es obediente hasta la muerte.

Ciertamente, la segunda experiencia constituyó para él una ocasión para madurar su fe, para corregir la interpretación unilateral, triunfalista, de la primera: él tuvo que entender que el Mesías, esperado por el pueblo judío como un triunfador, en realidad no estaba solo rodeado de honor y gloria, sino también de tormentos y de debilidades. La gloria de Cristo se materializa precisamente en la cruz, con su participación en nuestros sufrimientos.

Esta maduración de su fe produjo por medio del Espíritu Santo en Pentecostés, de tal manera que Santiago, cuando llegó el momento del testimonio supremo, no se echó para atrás.

A comienzos de los años cuarenta del siglo I, el rey Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande, como cuenta Lucas, <<se propuso maltratar a algunos de los que pertenecían a la Iglesia. Mató a espada a Santiago, el hermano de Juan>>. La concisión de la noticia, desprovista de cualquier detalle narrativo, revela, por una parte, cuan normal era para los cristianos testimoniar al Señor con su propia vida y, por otra, cuan preeminente era la posición de Santiago en la Iglesia de Jerusalén, también a causa del papel que desarrolló durante la existencia terrena de Jesús.

Una tradición posterior, que al menos remonta a Isidoro de Sevilla, cuenta su estancia en España para evangelizar a esa importante región del Imperio romano. Según otra tradición, habría sido su cuerpo el que fue transportado a España, a la ciudad de Santiago de Compostela. Como todos sabemos, ese lugar se convirtió en objeto de gran veneración y todavía es meta de numerosas peregrinaciones, no solo desde Europa, sino desde el mundo entero.

De ahí la representación iconográfica de Santiago con un bastón de peregrino y el rollo del Evangelio en la mano, atributos del apóstol itinerante y entregado al anuncio de la <<buena noticia>>, características también del peregrinaje de la vida cristiana.

De Santiago, por tanto, podemos aprender muchas cosas: su prontitud al recibir la llamada del Señor incluso cuando nos pide que abandonemos la <<barca>> de nuestras inseguridades humanas; el entusiasmo al seguirle por los caminos que Él nos indica más allá de nuestra ilusoria presunción; la disponibilidad para ser su testigo con valentía, si es necesario hasta el sacrificio supremo de la vida.

Así, Santiago el mayor constituye para nosotros un ejemplo elocuente de generosa adhesión a Cristo. Él, que al principio había pedido, a través de su madre, sentarse con su hermano junto al Maestro en su reino, fue el primero que bebió el cáliz de la pasión, que compartió con los apóstoles el martirio.

Y por último, podemos concluir que el camino, no solo exterior, sino ante todo interior, desde el monte de la transfiguración hasta el monte de la agonía, simboliza todo el peregrinaje de la vida cristiana, entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios.

(Texto extraído de la Audiencia general del 21 de junio 2006, plaza de San Pedro, recogido en el libro de Benedicto XVI antes mencionado).

SAN ANDRÉS APÓSTOL


SAN ANDRÉS
San Andrés Apóstol
Pintura de José de Ribera
Con autorización del Autor Erzalibillas para 
reproducir la imagen de la pintura, no teniendo
nada que ver con la publicación del contenido
de la vida de los Santos

La primera característica que llama la atención en Andrés es su nombre: no es hebreo, como se esperaría, sino griego, señal significativa de que su familia tenía cierta apertura cultural. Nos encontramos en Galilea, donde la lengua y la cultura griegas están bastante presentes En el elenco de los Doce, Andrés ocupa el segundo puesto, como en Mateo  y en Lucas, o bien el cuarto puesto, como en Marcos y en los Hechos. Sea como fuere, sin duda gozaba de cierto prestigio dentro de las primeras comunidades cristianas.

El lazo de sangre entre Pedro y Andrés, al igual que la común llamada que les hace Jesús, se señalan explícitamente en los Evangelios. Leemos: <<Venid detrás de mí, y os haré pescadores de hombres>>. En el cuarto Evangelio se recoge otro detalle importante: en un primer momento, Andrés era discípulo de Juan Bautista; esto nos muestra que era un hombre que buscaba, que compartía la esperanza de Israel, que quería conocer más de cerca la palabra del Señor, la realidad del Señor presente. Era un hombre de fe y de esperanza; y un día oyó a Juan Bautista proclamar a Jesús como el << cordero de Dios>>; entonces se movilizó y, junto al mencionado discípulo, siguió a Jesús, a Aquel que era llamado por Juan <<Cordero de Dios>>. El evangelista menciona: ellos <<fueron a ver dónde vivía, y aquel día se quedaron con él>>. Andrés, entonces, gozó de preciosos momentos de intimidad con Jesús. El relato prosigue con una significativa mención: << Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús; encontró primero a su hermano Simón y le dijo: " Hemos encontrado al Mesías (que, traducido significa "Cristo")". Y lo llevó a Jesús >>, demostrando un espíritu apostólico fuera de lo común. Andrés, por tanto, fue el primero de los apóstoles llamado a seguir a Jesús. Precisamente por esta razón la liturgia de la Iglesia bizantina le honra con el apelativo de Protóklitos,  que significa precisamente "el primer llamado". Y, a causa de la relación fraterna entre Pedro y Andrés, la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla se sienten hermanadas de forma especial. Para estrechar esta relación, mi predecesor, el papa Pablo VI, devolvió en 1964 la insigne reliquia de San Andrés, hasta entonces custodiada en la basílica vaticana, al obispo metropolitano ortodoxo de la ciudad de Patras, en Grecia, donde según la tradición el apóstol fue crucificado.

Las tradiciones evangélicas mencionan el nombre de Andrés en otras tres ocasiones, que nos permiten conocer un poco mejor a este hombre. La primera es la de la multiplicación de los panes en Galilea. En esa situación fue Andrés quien señaló a Jesús la presencia de un chico que tenía cinco panes de cebada y dos peces: muy poca cosa - observó él- para toda la gente concentrada en ese lugar. Merece ser destacado, en este caso, el realismo de Andrés: él advirtió al chico -por tanto, ya había formulado la pregunta: <<¿qué es para tantos?>>- y se dio cuenta de la insuficiencia de sus pocos recursos. Sin embargo, Jesús supo hacer que fueran suficientes para la multitud de personas que había acudido a escucharle. La segunda ocasión fue en Jerusalén. Al salir de la ciudad, un discípulo le mostró a Jesús el espectáculo de los poderosos muros que sostenían el Templo. La respuesta del Maestro fue sorprendente: dijo que de esos muros no quedaría ni una piedra. Entonces Andrés, junto con Pedro, Santiago y Juan, le preguntó: << Dinos cuándo será eso y cuál será la señal cuando todo eso vaya a acabarse>>. Para contestar a esta pregunta Jesús pronunció un importante discurso sobre la destrucción de Jerusalén y sobre el fin del mundo, invitando a sus discípulos a leer con precaución las señales del tiempo y a permanecer siempre vigilantes. De este suceso aprendemos que no debemos tener miedo a hacerle preguntas a Jesús, pero al mismo tiempo hemos de estar preparados para recibir las enseñanzas, aunque sorprendentes y difíciles, que Él nos ofrece.

En los Evangelios, por último, está testimoniada una tercera iniciativa de Andrés. El escenario también es Jerusalén, poco antes de la Pasión. para la fiesta de Pascua -cuenta Juan- llegaron a la ciudad santa algunos griegos, probablemente adeptos o temerosos de Dios, venidos para adorar al Dios de Israel. Andrés y Felipe, los dos apóstoles con nombres griegos, hacen de intérpretes y mediadores de este pequeño grupo de griegos ante Jesús. La respuesta del Señor a su pregunta parece -como sucede a menudo en el Evangelio de Juan- enigmática, pero precisamente por eso es rica en significado. Jesús les dice a los dos discípulos y, por medio de ellos, al mundo griego: << Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. De verdad os aseguro: si el grano de trigo al caer en tierra no muere, queda solo;  pero si muere, da mucho fruto>>. ¿ Qué significan estas palabras en este contexto? Jesús quiere decir: sí, el encuentro con los griegos tendrá lugar, pero no como una puntual y breve conversación con algunas personas, movidas principalmente por la curiosidad. Con mi muerte, comparable con la caída en el suelo de un grano de trigo, llegará la hora de mi glorificación. De mi muerte en la cruz vendrá la gran fecundidad: el <<grano de trigo muerto>> - símbolo de mí crucificado- se convertirá con la resurrección en pan de vida para el mundo, será luz para los pueblos y las culturas. Sí, el encuentro con el alma griega, con el mundo griego, se realizará con la misma profundidad del grano de trigo que atrae para sí las fuerzas de la tierra y del cielo y se convierte en pan. En otras palabras, Jesús profetiza la Iglesia de los griegos, la Iglesia de los paganos, la Iglesia del mundo como fruto de su Pascua.

Algunas tradiciones muy antiguas ven a Andrés, que transmitió a los griegos estas palabras, no solo como intérprete de unos cuantos griegos que se encontraron con Jesús, tal como acabamos de recordar, sino que lo consideran el apóstol de los griegos en los años posteriores a Pentecostés; estas tradiciones cuentan que a partir de entonces fue el anunciador e intérprete de Jesús para el mundo griego. Pedro, su hermano, llegó a Roma desde Jerusalén y a través de Antioquía para ejercer allí su misión universal; Andrés, por su parte, fue el apóstol del mundo griego: ellos, tanto en su vida como en su muerte, se compartan como verdaderos hermanos - una fraternidad que se expresa simbólicamente en la especial relación de las sedes de Roma y de Constantinopla, Iglesias verdaderamente hermanas.

Una tradición posterior, como se ha apuntado, relata la muerte de Andrés en Patras, donde también sufrió el suplicio de la crucifixión. En ese momento supremo, de forma análoga a como hiciera su hermano Pedro, pidió que le pusieran en una cruz distinta a la de Jesús. En su caso se trató de una Cruz aspada, es decir, con un cruce transversal inclinado, que por eso es llamada "cruz de San Andrés". Esto es lo que el apóstol dijo en aquella ocasión, según un antiguo relato (comienzos del siglo Vi) titulado Pasión de Andrés: << Hola, oh Cruz, inaugurada por medio del cuerpo de Cristo y convertida en adorno de sus miembros, como si fueran piedras preciosas. Antes de que el Señor subiese a ti, tú provocabas un  temor terrenal. Ahora , en cambio, dotada de un amor celestial, eres recibida como un don. Los creyentes saben, al mirarte, cuánta alegría posees, cuántos regalos tienes preparados. Así que seguro y lleno de alegría yo vengo a ti, para que tú también me recibas exultante como discípulos de quien estuvo colgado de ti...¡Oh, bienaventurada Cruz, que recibiste la majestad y la belleza de los miembros del Señor! Tómame y llévame lejos de los hombres y devuélveme con mi Maestro, para que a través de ti me reciba quien por ti me ha liberado. Hola, oh Cruz; si, ¡hola de verdad!>>.

Como e puede comprobar, en estas palabras hay una profundísima espiritualidad cristiana, que ve en la cruz no tanto un instrumento de tortura, sino más bien el medio incomparable de la plena asimilación al Redentor, al grano de trigo caído al suelo.

Y esto nosotros tenemos que aprender una lección muy importante: nuestras cruces adquieren valor si son consideradas y recibidas como parte de la cruz de Cristo, si nos unimos a ella a través del resplandor de su luz. Solo por esa cruz también nuestros sufrimientos son ennoblecidos y cobran verdadero sentido.

El Apóstol Andrés, por tanto, nos enseña a seguir a Jesús con prontitud, a hablar con entusiasmo de Él a cuantos encontramos, y, sobre todo, a cultivar con Él una relación de verdadera familiaridad, sabedores de que solo en Él podemos encontrar el sentido último de nuestra vida y de nuestra muerte.

(Audiencia general, 17 de junio de 2006, plaza de San Pedro)
Extraída del Libro publicado por Benedicto XVI "LOS APÓSTOLES y los primeros discípulos de Cristo"

SAN PEDRO APÓSTOL



SAN PEDRO APÓSTOL          y                           SAN ANDRÉS APÓSTOL



" Bordeando el mar de Galilea vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: "Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres. Al instante, dejando las redes, le siguieron."

Para hablar de ellos hay que poder escoger de algún lugar. Acerca del Santoral Cristiano, hay muchos autores que han escrito sobre Pedro y Andrés. Aparecerán en mi página la posibilidad de acceder a todo ese conocimiento que sumará al que yo quiero poder compartir con todos los que accedan a esta página.

Así que como en otros casos y dado que yo no soy una estudiosa Teológica, voy a dar paso a quién desde mi sentir puede ayudarnos a ver a estos dos discípulos de Cristo desde un lugar diferente.


SAN PEDRO APÓSTOL


La crucifixión de Pedro
Pintura de Caravaggio

Retomando entonces a Benedicto XVI, dice así: " .... El evangelista Juan, al relatar el primer encuentro de Jesús con Simón, hermano de Andrés, señala un hecho singular: Jesús, <<mirándolo, dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas ( que se traduce "Pedro")">>. Jesús no acostumbraba a cambiar el nombre a sus discípulos. Si exceptuamos el apelativo de <<hijos del trueno>> que dirige en un caso concreto a los hijos de Zebedeo y que no vuelve a usar, Él no atribuyó nunca otro nombre a ninguno de sus discípulos. En cambio, lo hizo con Simón, llamándole Cefas, nombre luego traducido en griego por Petros, y en latín por Petrus. Y fue traducido precisamente porque no era solo un nombre; era una <<orden>> que Petrus recibía del Señor. El nuevo nombre de Petrus aparecerá varias veces en los Evangelios y acabará sustituyendo al nombre originario de Simón.

El dato cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que, en el Antiguo Testamento, el cambio de nombre por lo general anunciaba el encargo de una misión. De hecho, la voluntad de Cristo de atribuir a Pedro un papel especial dentro del Colegio apostólico queda demostrada en numerosas pruebas: en Cafarnaúm, el Maestro va a alojarse a casa de Pedro; cuando la multitud se arremolina en torno a él a orillas del lago de Genesaret, entre las dos barcas ahí atracadas, Jesús elige la de Simón; cuando en determinadas circunstancias Jesús se hace acompañar solo de tres discípulos, Pedro siempre es mencionado como el primero del grupo; así sucedió en la resurrección de la hija de Jairo, en la Transfiguración y, por último, durante la agonía del Huerto de Getsemaní. Y aún hay más: cuando se dirigen a Pedro los cobradores del impuesto del Templo, el Maestro solo paga por sí mismo y por él; Pedro es el primero al que lava los pies en la Última Cena, y reza solo por él para que no pierda la fe y pueda probar en ella a los demás discípulos.

Además, el propio Pedro es consciente de su particular posición: a menudo, en nombre de los demás, interviene pidiendo una explicación de una parábola difícil, o el sentido concreto de un precepto, o la promesa formal de una recompensa.  Él es quien resuelve ciertas situaciones al intervenir en nombre de todos. Así, cuando Jesús, dolido por la incomprensión de la multitud después del discurso sobre el <<pan de vida>>, pregunta: <<¿También vosotros queréis marcharos?>>, la respuesta de Pedro es perentoria: <<Señor, ¿a quién vamos a ir? Tienes palabras de vida eterna>>. Igualmente decidida es la profesión de fe que, también en nombre de los Doce, hace en Cesarea de Filipo. Cuando Jesús pregunta: <<Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?>>, Pedro responde: << Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios Vivo>>. En respuesta, Jesús pronuncia entonces la declaración solemne que define, de manera definitiva, el papel de Pedro en la Iglesia: << Y yo por mi parte te digo: y sobre esta peña edificaré mi Iglesia, y las puertas del averno no podrán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que ates en la tierra, quedará desatado en los cielos>>. Las tres metáforas a las que ´Jesús recurre son en sí mismas muy claras: Pedro será los cimientos de piedra sobre los que se apoyará el edificio de la Iglesia; él tendrá las llaves del reino de los cielos para abrirlo o cerrarlo a quien le parezca apropiado; por último, él podrá atar y desatar, es decir, podrá establecer o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y sigue siendo de Cristo. Siempre será la Iglesia de Cristo, y no de Pedro. Esto que está descrito con imágenes tan plásticas ilustra lo que la reflexión posterior ha calificado con el término de  <<primado de jurisdicción>>.

Esta posición preeminente que Jesús quiso conferirle a Pedro se verifica también después de la resurrección: Jesús les encarga a las mujeres que lleven el anuncio a Pedro, al margen de los demás apóstoles; hacia él y hacia Juan corre la Magdalena para informar de la piedra movida en la entrada del sepulcro, y Juan le cederá el paso cuando los dos lleguen ante la tumba vacía; luego será Pedro, entre todos los discípulos, el primer testigo de una aparición del Resucitado. Este papel, subrayado con decisión,  marca la continuidad entre su preeminencia en el  grupo apostólico y la preeminencia que seguirá teniendo en la comunidad nacida con los sucesos pascuales, como testimonia el libro de los Hecho. Su comportamiento se considera tan decisivo como para ser el centro de las miradas y también de las críticas. En el conocido Concilio de Jerusalén, Pedro desempeña una función directiva y, precisamente por ser testigo de la fe auténtica, el propio Pablo le reconocerá cierta cualidad de <<primero>>. Además, el hecho de que varios textos claves referidos a Pedro puedan ser interpretados en el contexto de la Última Cena, en la que Cristo le confiere a Pedro el ministerio de confirmar a los hermanos, muestra cómo la Iglesia que nace del memorial pascual celebrado en la Eucaristía tiene en el ministerio confiado a Pedro uno de sus elementos constitutivos.

Esta contextualización del Primado de Pedro en la Última Cena, en el momento constituyente de la Eucaristía, Pascua del Señor, indica también el sentido último de su Primado: Pedro, por todos los tiempos, debe ser el custodio de la comunión con Cristo; debe guiar en la comunión con Cristo; debe preocuparse de que la red no se rompa y pueda perdurar la comunión universal. Solo juntos podemos estar con Cristo, que es el Señor de todos. La responsabilidad de Pedro es garantizar la comunión con Cristo, con la caridad de Cristo, guiarnos en la realización de esta caridad en la vida de cada día.

Y como oración futura podemos decir junto a Benedicto XVI, el texto con el cuál concluye esta Audiencia general del 7 de junio de 2006 en la Plaza de San Pedro, que dice así:  " recemos para que el Primado de Pedro, confiado a pobres seres humanos, pueda ejercerse siempre con este sentido originario deseado por el Señor y pueda ser siempre reconocido en su verdadero significado por hermanos que todavía no están en plena comunión con nosotros.

domingo, 13 de noviembre de 2011

VIRGEN MARIA MADRE NUESTRA EN LA ANUNCIACIÓN

LA ANUNCIACIÓN

Pintura de Tiziano

Madre Nuestra Virgen María dicen de ti los Evangelios:

Evangelio según San Mateo, capítulo 1, versículos 18:  " El origen de Jesucristo fue de esta marena: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo..."

Evangelio según San Marcos: El Evangelio de Marcos no hace referencia alguna acerca del nacimiento de Jesucristo.

Evangelio según San Lucas, capítulo 1 versículos 26 a 38:  " Al sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo: << Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.>> Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba que significaría aquel saludo. El ángel le dijo: << No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.>>  María respondió al ángel: <<¿ Cómo será esto, puesto que no conozco varón?>> El ángel le respondió: << El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes dela que se decía que era estéril, porque no hay nada imposible para Dios.>> Dijo María: << He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.>> Y el ángel, dejándola, se fue."

Evangelio según San Juan: (podemos decir que da a conocer el nacimiento, sin decir textualmente sobre él y de qué manera se produjo, cuando dice, en el capítulo 1, versículo 14: << Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros.>>.

Surge en mi la reflexión que en el Sí de María a Dios Padre, se da su total entrega, confianza, vida y voluntad al Padre.

Oración: Santísima Virgen María, Anunciadora de la encarnación de Dios en la tierra, vientre supremo del Salvador, promesa cumplida y regalo de Dios como Madre Nuestra, te rogamos intercedas ante nuestro Señor, y que descienda sobre toda la humanidad el don de la humildad, la confianza en Dios, la fe en Dios único y Vivo, y nos convierta en discípulos siguiendo tu caminar siempre detrás de tu Hijo y Señor.



miércoles, 9 de noviembre de 2011

SOLICITUD DE ORACIONES A MADRE NUESTRA VIRGEN MARÍA


Madre Nuestra  Virgen María
Madre Nuestra
Madre Nuestra
Que siguiendo tu ejemplo
Pueda decir: Sí.

Cómo tú
Sea yo también "esclava de mi Señor y mi Dios".

Madre Nuestra,
Que todos los que aquí escriban pidiendo oración por sus necesidades o las de alguien, persona o criatura animal, lleguen por tu intercesión a los brazos abiertos de Jesucristo,
y que a cada uno los bendiga con su Espíritu.

A ti, lector de esta página si deseas que oremos por tus necesidades, deja en comentarios en la Sección Páginas "SOLICITUD DE ORACIONES A LA VIRGEN MARÍA MADRE NUESTRA", ya sea anónimo o no, tu pedido de oración y nos uniremos a ella. 

Recuerda, cuando dos o más estén reunidos en su Nombre,
Él Nuestro Señor Jesucristo
estará en medio nuestro.

Si prefieres hacerlo de forma anónima puedes dejarme tu pedido a través de mi email.
Pero seguramente, si es visto por muchos, muchos seremos los que oraremos por ti.

Madre Nuestra Virgen María
Reina de los Apóstoles
ruega por nosotros
a Jesucristo
Amén